lunes, 21 de octubre de 2013

La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el cumplimiento de condenas en España: Las sentencias se acatan y los problemas deben preverse y resolverse. “Dura est lex, sed lex”


“Hacer pedagogía
Conviene recordar que el Tribunal de Estrasburgo forma parte del sistema judicial español.- El Tribunal de Estrasburgo tumba la ‘doctrina Parot’
“No deja de resultar sorprendente el dramatismo con que se ha acogido en este país la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la doctrina Parot, que supone su anulación en la práctica. Primero, porque ya se daba por hecho que así iba a ser cuando en julio de 2012, la Pequeña Sala del Tribunal de Estrasburgo dio la razón a la demanda de la etarra Inés Del Río, que recurrió una aplicación retroactiva de la ley por la que fue condenada. Y, segundo, porque en los propios tribunales españoles fue muy debatida. De tal modo que en el Tribunal Constitucional cinco de seis magistrados se opusieron a la misma cuando se debatió.

En vez de asumir lo que era prácticamente inevitable y hacer pedagogía, el Gobierno hizo una campaña para evitar que la Gran Sala de Estrasburgo ratificara lo que había adelantado la Pequeña. Puso el acento en que algunos de los etarras afectados estaban condenados por asesinatos múltiples y que en la lista había violadores que provocan un gran rechazo social. Lo que resumió en el lema de que no debe valer lo mismo haber cometido un asesinato que 23. La consecuencia de este discurso ha sido que surjan voces que reclaman al Gobierno que se salte la sentencia de Estrasburgo, entre ellas una voz autorizada, como la AVT.

Es verdad que es muy importante ante la sentencia anulatoria de la doctrina Parot, que va a excarcelar a decenas de etarras, tener en cuenta los sentimientos de las víctimas del terrorismo y de la opinión pública, en general. Pero el Gobierno podía haber actuado de otra manera y haber preparado, con tiempo, el terreno haciendo pedagogía.

En primer lugar, los etarras que pueden ser excarcelados llevan ya
una media de 25 años de condena cumplida, algo que se ignora, e incluso algunos de ellos están arrepentidos y acogidos a la vía Nanclares. Tampoco ha puesto el acento el Gobierno en que, a diferencia de cuando se aprobó la doctrina Parot, hoy ETA ha cesado definitivamente, tras cuatro años sin cometer un asesinato, por lo que no hay peligro de que los presuntos excarcelados reincidan.

Pero, por encima de todo, las sentencias están para cumplirlas. Y la del Tribunal de Estrasburgo forma parte del sistema judicial español, algo que conviene recordar porque ya se escuchan voces que hablan de “injerencias extranjeras”.

Habrá que recordar, en este sentido, que en junio de 2009 avaló la Ley de Partidos, que supuso, en su día, la ilegalización de la izquierda abertzale, que tanto agradó al partido que hoy gobierna. Lo que demuestra, también, la imparcialidad del tribunal europeo. Es más. Posiblemente, sea más imparcial que todos nosotros -tribunales, partidos, asociaciones...- que, a fin de cuentas, la presión del terrorismo ha condicionado de modo determinante nuestras vidas.”
(El País, 21/10/2013)
“RAJOY, FERNÁNDEZ, GALLARDÓN: CONTROLAR LOS BENEFICIOS PENITENCIARIOS

Ha pasado lo que tenía que pasar. El principio de irretroactividad forma parte de la realidad jurídica de los países libres y se subraya en nuestra Constitución (artículo 9.3). En 1995 se reformó el Código Penal, previendo que no vuelva a ocurrir lo que ahora ha ocurrido. Los terroristas que se beneficiarán de la liquidación de la doctrina Parot son los que cometieron sus delitos con anterioridad a esa fecha de 1995.

No se trata de llorar sobre la leche derramada. Hay que excarcelar a la etarra asesina y contar con que se producirá el chaparrón de los recursos de terroristas que permanecen en la cárcel afectados por la doctrina Parot. Existe, sin embargo, una fórmula para retenerles hasta que cumplan sus penas completas o casi completas: revisar las reducciones de las que se han beneficiado y que en muchos casos han sido producto de la camelancia, de la lenidad o del miedo de quienes tenían que aplicarlas.

El Gobierno puede y debe denunciar las posibles irregularidades en este sentido y que decidan las autoridades penitenciarias y, en su caso, los jueces. Porque así lo estableció la voluntad general de los españoles, nadie, ni el peor asesino, debe permanecer más de 30 años en la cárcel. La reducción de penas por estudios, asistencias, trabajos, redacción de libros, etc. son otra cosa. A los etarras que se beneficien ahora de la liquidación de la doctrina Parot se les pueden revisar los beneficios obtenidos por si se hubieran producido trampas o engaños. Tanto Mariano Rajoy, como Jorge Fernández, como Alberto Ruiz-Gallardón, están en la obligación moral de hacer lo posible para que no se extienda la alarma social que se ha creado en España.”

(Luis María ANSON, de la Real Academia Española, en “El Imparcial”, 21/10/2013)
Parafraseando a Gabriel García Márquez, la sentencia dictada por el Pleno del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, de Estrasburgo, ha sido la “crónica de una sentencia anunciada”.

Una cosa son los argumentos morales, políticos, sensibleros y populistas, y otra bien distinta las argumentaciones jurídicas y la aplicación y cumplimiento de la norma, especialmente de la Convención Europea de derechos Humanos

En este nuestro país se ha venido tan “mal usando” la Justicia, que se ha convertido por los manipuladores y por los medios de comunicación en un abuso de rumores, filtraciones, cotilleos, violaciones de intimidades y conculcación de los derechos humanos hasta de los imputados y presuntos culpables, llegando hasta la llamada “pena de telediario”, porque incluso se está poniendo en duda, y no sin argumentos,  la virtualidad e imparcialidad del Tribunal del Jurado, porque casi todo el mundo “ha dictado sentencia” en sus fueros internos y en el vociferante, cuando en la mayoría de los casos las investigaciones sobre las infracciones e ilegalidades apenas si están en sus inicios.

Así, la entrada a los Tribunales, sean civiles o penales, cuando se acude a los órganos judiciales, se ha convertido en un circo mediático y populachero en el que el acoso y los insultos prevalecen sobre el orden y el civismo, de manera que la presunción de inocencia (especialmente en lo penal y en materias sancionadoras) queda absolutamente
difuminada.

Es una lástima, también, que vayan proliferando los “jueces estrella”, que no saben reducir su expresión a sus sentencias y resoluciones y que cada vez se prodigan más en conferencias, entrevistas y publicidad de toda índole, inflando su ego en proporción inversa al respeto que causan.

Y ahora viene el rasgarse las vestiduras por la práctica desautorización de la llamada “doctrina Parot”, una solución de “tapas y medias suelas” a los absurdos que presentaba el ordenamiento penal español, y que los legisladores y gobiernos sucesivos fueron conscientes de su fragilidad, por atentatoria contra los derechos humanos, por violar su ejercicio el principio de legalidad (el muchas veces olvidado “nulla poena sine lege”) y el de no retroactividad; hasta el punto de que después reformaron varias veces el Código Penal para endurecer de
modo efectivo las penas y los beneficios penitenciarios.

Pese a todo el revuelo y disgusto causado, y por encima de opiniones personales y criterios subjetivos, los juristas hemos de comenzar por acatar la resolución del Tribunal de Estrasburgo –bien fundamentada, por cierto— y lamentar la imprevisión de varios gobiernos que antaño resultaron incapaces de atajar la hemorragia de beneficios penitenciarios y la suavidad de castigo a quienes, con terrorismo o no, habían generado un aluvión de muertes, de sangre, de espantosos crímenes.

Así pues, quienes este comentario suscribimos no podemos menos que reiterar y hacer propia aquella conocida expresión, proviniente de la Edad Media: “Nos, que amamos las buenas costumbres y el buen fazer non queremos semeiar voceros mas queremos semeiar omes que fazen derecho”.
Y por supuesto, respetarlo, mediante el cumplimiento de las resoluciones judiciales.
APB, por el Colectivo de Juristas del Centro Europeo de Asesoramiento y Negocios (CEAN)SCP

miércoles, 17 de abril de 2013

Las reformas que la Justicia necesita: “pescados son los del cesto, porque los del mar son peces”


Registro Civil: una reforma inaplazable.- El modelo actual ha agotado su función y no responde a las exigencias ciudadanas

(Agustín Azparren Lucas 17/04/2013, en “El País”) 

“Desde la perspectiva que da el ejercicio durante más de 30 años de la actividad judicial, uno llega a la conclusión de que las grandes reformas jurídicas e institucionales que tanto esfuerzo económico y personal requieren de poco valen si no llegan al ciudadano, destinatario último de toda actividad pública. De nada sirve la proclamación constitucional del derecho a la salud si finalmente los hospitales no prestan sus servicios de manera eficiente, del derecho a la educación si los jóvenes no alcanzan un nivel suficiente de conocimientos, del acceso a la justicia si los tribunales no son eficaces por falta de medios humanos y materiales.La situación actual de crisis económica, terrible, puede no obstante ser una gran oportunidad para reordenar algunos servicios esenciales del Estado. Pensemos en el Registro Civil. El ejercicio de cualquier derecho por un ciudadano requiere como presupuesto previo que el Estado tenga conocimiento de su existencia, de cómo se llama, de su decisión pública de formar una familia, de su libre opción de cambiar de nacionalidad, del hecho de que no puede valerse por sí mismo. Todos estos hechos y actos se llevan al Registro Civil y permiten, por un lado, el ejercicio pleno de los derechos fundamentales asociados con la pertenencia a una comunidad organizada y, por otro, una adecuada planificación de los recursos públicos para su satisfacción.


Se pueden agregar otros elementos a esta reflexión: grandes movimientos migratorios, cambios en los modelos de familia, matrimonios de conveniencia, protección de españoles en el extranjero, pensiones, prestaciones sociales, protección de la infancia, madres de
alquiler, niños robados, incentivos a la maternidad… una realidad multiforme y cambiante.

Una respuesta que se demora meses no es aceptable en un servicio público.

¿Nos podemos permitir seguir gestionando todo esto con esquemas que se idearon hace más un siglo? ¿Es racional y sostenible que los servicios propios del Registro Civil estén diseminados desigualmente por más de 8.000 oficinas? ¿Es defendible que sigamos dependiendo del soporte papel y no podamos usar ágilmente los datos en beneficio de los ciudadanos y de la propia Administración? ¿Se puede seguir obligando a miles de ciudadanos a solicitar una y otra vez certificaciones de datos para presentarlos en otra oficina pública? ¿Nos podemos permitir el lujo de que cada centro administrativo actúe por su cuenta, descoordinado de los demás? En definitiva, ¿podemos seguir ignorando un problema y aplazar más su solución?

Doy datos concretos para que sepamos qué está pasando. Son datos que están al alcance de todos en Google.

Según la memoria anual del Consejo General del Poder Judicial, el Registro Civil es el órgano que más quejas recibió en 2011. A nivel estatal, suscitó 6.558 reclamaciones por su funcionamiento. Esto supuso el 46% de las quejas de todo el sistema de juzgados y tribunales.

Durante los años 2010 y 2011, se pagaron más de 170 millones de euros por presuntos servicios de dependencia a 41.205 personas fallecidas.

El Defensor del Pueblo critica que el Registro Civil de Inca ha dado una cita para 2017.

La mayoría de padres que acudieron al Registro Civil se quedaron sin poder registrar a sus hijos si no habían ido de noche para hacer cola. Cada año, 2.900.000 ciudadanos tienen que solicitar una certificación al Registro Civil para presentarla en otra Administración.

Es hora de afrontar el reto y ofrecer soluciones. El modelo actual ha cumplido su función, o mejor habría que decir que ha agotado su función, nos ha llevado hasta aquí, pero no puede llevarnos mucho más
allá. Creo firmemente que una Administración pública responsable debe ofrecer respuestas reales a las demandas de los ciudadanos y una respuesta que se demora meses no es aceptable. He sido juez y sé de lo que hablo. Dar una respuesta tardía no debe ser una opción, o al menos no nos lo podemos permitir.

Pensemos por un momento de qué manera nos ha afectado como ciudadanos el funcionamiento del registro y cómo nos gustaría que
funcionasen las cosas, olvidándonos de prejuicios.

Imaginemos algunas situaciones:

- Acabo de ser padre y no quiero salir deprisa y corriendo, dejando a mi mujer con el recién nacido en la maternidad, para acudir al Registro Civil y dar de alta a mi hijo.

- Mi cónyuge ha muerto y no quiero hacer colas en el Registro Civil para que me den una certificación de defunción para presentarla en la Seguridad Social y que me reconozcan una pensión.

- Cómo evitar que determinadas personas sin escrúpulos puedan aprovecharse actuando en nombre de mi hijo incapacitado cuando yo falte.

- Me he separado y mi cónyuge sigue disponiendo de los bienes comunes como si nada hubiera pasado.

- Llevo 12 años viviendo en este país y, aunque las leyes me reconocen mi aptitud para ser español de pleno derecho, sé que no lo voy a ser en mucho tiempo.

O desde otro punto de vista:

- Quiero que la Seguridad Social tenga conocimiento inmediato de los fallecimientos para evitar que se paguen indebidamente prestaciones sociales.

- La atribución del Registro Civil al Cuerpo de Registradores puede ser una de las claves del éxito de esta reforma 

- Quiero que no se vuelva a teclear dos veces un mismo dato por la Administración.

- Quiero que se hagan estadísticas más fiables de datos recientes.

En definitiva, no me gusta que se tire el dinero público, mi dinero, que tanto me cuesta ganar.

Creo que ha llegado el momento de abordar una reforma del Registro Civil que haga posible todo esto adaptando su organización a las verdaderas necesidades actuales, llevándolo con los medios técnicos más modernos y seguros, ahorrando costes y poniendo la
Administración al servicio de los ciudadanos.

La atribución de la llevanza del Registro Civil al Cuerpo de Registradores, que no lo olvidemos, son funcionarios, puede ser una de las claves que garantice el éxito de esta reforma urgente. Su eficacia demostrada en el tráfico inmobiliario y mercantil y su extensa experiencia no se pueden desaprovechar. Llevan años modernizando sus propias estructuras organizativas, implementando tecnología, prestando un servicio eficiente.

La reciente digitalización de los 425.000 expedientes de nacionalidad acumulados en los últimos años, que ha llevado a cabo el Colegio de Registradores en apenas unos meses y sin coste alguno para los ciudadanos, aparte de parecernos ciencia ficción para quienes hemos
dedicado toda nuestra vida profesional a la Administración de Justicia, nos garantiza el éxito de la reforma.

Por otra parte, los jueces y personal de la Administración de Justicia que actualmente se ocupan del Registro Civil, ya sea de forma exclusiva o compartida con la función jurisdiccional, se podrán destinar al trabajo estrictamente judicial, que bastante falta hace, debido a la gran litigiosidad existente y al escaso número de jueces para abordarlo.”

(Agustín Azparren Lucas es magistrado en excedencia y ha sido vocal del Consejo General del Poder Judicial)


COMENTARIO
Se ha hecho famosa la frase de Bertran Duglesclin cuando intervino en la muerte de Pedro el Cruel, que permitió el reinado de Enrique de Trastamara, con aquello de que “ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor”.

Pues bien, nuestro colectivo ni se decanta porque el cuerpo de Registradores se haga cargo del Registro Civil, ni porque los Notarios se ocupen de algunas otras funciones del mismo, porque quienes como juristas nos dedicamos esencialmente al ejercicio de la Abogacía hemos asumido con humildad nuestra obligación de que se asista al ciudadano de la manera más efectiva y eficaz, mediante la Administración de Justicia, en sus más variadas ramas, especialmente en la más elemental y próxima, cual es la del Registro Civil.

En otros tiempos hasta pareció lo adecuado que los distintos Registros Civiles fueran servidos por jueces, los denominados Encargados, que en realidad eran los entonces llamados “Jueces municipales” o “de
distrito”, aunque en la mayoría de las poblaciones esas funciones las desempeñaban los Jueces de Paz.

Han sobrevivido los Juzgados de Paz, mal dotados y peor retribuidos, pero al unificarse la judicatura, desaparecieron los jueces municipales y de distrito, y pasaron a ser los jueces “ordinarios” quienes asumieron las responsabilidades de los Registros civiles, si bien estos fueron unificándose, para concentrar las funciones y el servicio al ciudadano.

Pero con el radical cambio social que se ha producido en los últimos años, los Registros Civiles han llegado al colapso, y no precisamente en sus funciones más primarias, como las inscripciones de nacimientos, o de defunciones, o de matrimonios, etcétera, sino en otras funciones mucho más complejas y transcendentes, como la celebración de matrimonios civiles y la tramitación de expedientes de adquisición de la nacionalidad española.

Por ahí ha llegado el embudo y ahí es donde se ha producido el colapso, fruto especialmente del raquitismo en la dotación de medios y de una normativa muy trasnochada.

Nótese, por ejemplo, que todo matrimonio celebrado en el extranjero, inclusive ante la autoridad consular española, ha de inscribirse en el Registro civil central, para después trasladar el asiento (si así se solicita por el interesado) al Registro del domicilio. Trámites y más trámites. Y demoras de muchos meses, porque el Registro Central está colapsado.

Y el colmo se alcanza en lo referente a las nacionalidades, porque el aluvión de inmigrantes, especialmente de etnia latinoamericana (que adquieren la nacionalidad española en corto plazo, y así se convierten en ciudadanos de la Unión Europea si residen en España), produce un auténtico colapso en las oficinas y una demora de meses para la simple presentación de la solicitud, y de años para que se apruebe la petición de adquisición de nacionalidad por residencia. Desesperante e ineficaz, ciertamente.

Frente a ello, obvio es que cualquier reforma que tienda a subsanar esa lentitud del Registro civil y que sustituya los jueces por otros funcionarios, ha de ser bien acogida, pero parando muchas mientes en que esa reforma no implique un aumento de costes inasumible para el ciudadano.

Nunca hemos sido partidarios de la Justicia absolutamente gratuita, aunque tampoco hemos preconizado la Justicia costosa, porque cercena los derechos fundamentales de los ciudadanos.

De ello a que se intente atribuir a Registradores o a Notarios labores de Registro civil, a cambio de que exaccionen en armonía con sus actuales emolumentos, media un abismo.

Se debería establecer una regulación de costes mínima, que disuadiera del uso abusivo, pero asumible por el ciudadano con pocos recursos.

Y a ello deberían acomodarse los Notarios y los Registradores (tanto monta, monta tanto), sin entrar en esa especie de pugna que viene anunciandose entre ambos demasiado elitistas cuerpos de juristas, que ni a ellos beneficia ni al ciudadano convence.

Háganse reformas, sí; y cuanto antes. Pero que resulten eficaces, por las buenas dotaciones materiales –informática, agilidad de atención--, y las adecuadas provisiones de funcionarios que las atiendan.

Que lo dijo el viejo pescador, cuando contaba a su manera el “cuento de la lechera” a su nieto: “Pescados son los del cesto, porque los demás son peces…”.

APB, por EL COLECTIVO DE JURISTAS DEL CENTRO EUROPEO PRO ASESORAMIENTO Y NEGOCIOS

lunes, 25 de marzo de 2013

Cuando los jueces quieren ser estrellas… las togas se quedan sin puñetas…

“Dos jueces y un destino
(Francisco Muro de Iscar en “La Estrella Digital,” 21/03/2013 )

“Desde que Pedro Pacheco dijo hace muchos años aquello de que "la justicia es un cachondeo" no hay día en que no surja una noticia, aparezca un juez, actúe un ministro o se conozca una sentencia que no le dé la razón. No recuerdo si entonces le procesaron por tal atrevimiento, pero tal vez hoy le darían la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Parece como si la Justicia estuviera al sur del sur del sentido común, no sólo por ese espectáculo de juzgados ineficaces llenos de papeles desordenados, amarillentos, sino por el empeño de algunos de sus protagonistas.

Desde los tiempos de Garzón no se veía tan desmedido afán por la justicia

El ministro Gallardón, que ha tenido la poco edificante eficacia de poner en su contra a todos los actores jurídicos -abogados, jueces, notarios, fiscales, secretarios judiciales, registradores, funcionarios, sin contar a los sindicatos, al resto de partidos del arco político y a los consumidores y usuarios- también acaba de recibir las críticas del Consejo General del Poder Judicial que ha puesto a bajar de un burro su proyecto de Ley de Asistencia Jurídica Gratuita -tasas incluidas- al que achaca errores de fondo y de forma realmente importantes. El problema de las reformas de la Justicia -como las de la educación o la sanidad- es que algunos, especialmente los del PP y los del PSOE, intentan hacerlas siempre sin escuchar siquiera a los que bregan cada día en los juzgados, en las
aulas o en los hospitales. Lo de negociarlas con los que saben ya es una utopía. Y así nos va a todos. No sé si es soberbia o desprecio, pero el coste lo pagamos todos: los que estudian, los que están enfermos y los que no tienen más remedio que ir a pleito, eso en el caso de que tangan dinero para pagar las tasas de Gallardón.

Esa soberbia o ese desprecio por el sentido común y por la eficacia es lo que ha llevado a dos jueces relevantes -Ruz y Gómez Bermúdez-, los dos conocedores de su oficio, de la trascendencia de su decisión y del efecto mediático de la misma, a citar al mismo imputado, un tal Bárcenas, para el mismo día y casi a la misma hora en dos juzgados diferentes y por la misma causa. Da lo mismo que alguien, finalmente, haya puesto las cosas en su sitio. El mal está hecho: una absoluta falta de respeto no ya al imputado, sino a la Justicia. Desde los tiempos de Garzón no se veía tan desmedido afán por la justicia.

Ese esperpento -sumado a otros muchos- tampoco ayuda a que los ciudadanos mejoremos la mala idea que tenemos de la Justicia. Menos mal que, frente a algunos jueces que tan poco hacen por que tengamos una buena opinión de su trabajo, hay otros que están empeñados en que sigamos creyendo en la Justicia. Que no es fácil, oigan, que no es fácil cuando se leen algunas sentencias o se ven algunas conductas. No me hagan hablar.”


Nada más lejos de nuestra intención que entrar en polémicas en este blog, que deseamos e intentamos quede siempre revestido de equilibrada moderación,  ya que en estos momentos de crisis, de tribulaciones, de necesidades y de ansiedades, lo que menos necesita la institución de la Justicia en nuestro país, es de contiendas y polémicas entre sus actores, en ocasiones protagonistas, sobre quién es más que el otro.

Si dejamos aparte que el juez Gómez Bermúdez irradia soberbia disfrazada de orgullito clasista, y que se cree el eje del universo después de haber juzgado (tarde y mal) a los que aparecieron como desgraciados protagonistas de aquella masacre del 11 de  Marzo, habremos de convenir, aunque al tal juez le irrite, que parece desea
emular a ese inaceptable jurista que pretende ser juez y parte, llamado Baltasar Garzón.

A riesgo de que nuestro buen amigo y colega, el ilustrísimo y docto académico y Abogado, don Francisco Baena Bocanegra, pueda sentirse investido del derecho a defender a quien fue su (condenado) cliente por causa de prevaricaciones conocidas y ocultas, aunque nos tememos que más por sus ambiciones rechazadas por sus colegas del Tribunal Supremo, no podemos menos que sentirnos contritos y en muy buena medida avergonzados por la vituperable actuación de ese “chulito” venido a menos que es el juez Gómez Bermúdez, a quien ha derrotado en humildad, eficacia y sapiencia su colega en la Audiencia Nacional, el juez Ruz.

Ahí es nada, el espectáculo de dos jueces pugnando en secreto entre ellos, como si hubieran de repartirse una gallinita, especialmente porque uno de ellos –el chulito— ya no sabe cómo destacar, después de haber querido marcarse la fama de haber dirigido , a su manera, el
macrojuicio por los atentados terroristas del 11 de Mayo de 2.004, sobre el que aún flotan dudas de si estableció la verdad real o la verdad “judicial”, aunque, eso sí, sirvió para que su cónyuge publicara un libro de alabanza de las excelencias del presidente del tribunal. Y, como después, fue “degradado” de presidente de tribunal a juez “de a pie”…

La verdad es que más lamentable espectáculo no ha podido brindarse a la opinión pública, ante la que, cada vez más, la judicatura aparece como intrigante, interesada y poco o nada objetiva.

Lo peor de todo es que mientras se discute sobre “si son galgos o son podencos”, la Justicia sigue sin administrarse, la lentitud campa por doquier y el ciudadano se siente desamparado. Porque lo está…

Va a resultar que aquella maldición de la gitana, de “pleitos tengan manque los ganes…” es una gran verdad, porque estar en manos de los jueces puede equivaler a quedar en manos de alguien que podrá ser justo o podrá ser interesado, o podrá ser un figura, o podrá ser alguien que solamente desea satisfacer su “ego”.

¡Y aún se dice que los Abogados son individualistas y buscan su
lucimiento!

He aquí la historia de estos dos jueces y de un destino: Que uno de ellos se sienta importante…es la mayor propia desgracia y una tara para la Justicia.

EL COLECTIVO DE JURISTAS DEL CENTRO EUROPEO PRO ASESORAMIENTO Y NEGOCIOS, SCP