jueves, 22 de noviembre de 2012

La Justicia en España: A la lentitud se suma la carestía.- Peor el remedio que la enfermedad

"Si la justicia existe, tiene que ser para todos; nadie puede quedar excluido, de lo contrario ya no sería justicia”.- Paul Auster (1947-?) Novelista y poeta estadounidense. 


“Las tasas de Gallardón sublevan a la justicia
El encarecimiento del acceso a los tribunales no se aplicará hasta dentro de “unas semanas” Nace con la oposición de partidos, sindicatos y profesionales del sector
( “El País”, V. GUTIÉRREZ CALVO / María Fabra 22 NOV 2012 )
Las nuevas tasas judiciales —que a partir de ahora pagarán todos los ciudadanos, no solo ciertas empresas como en la actualidad, y que disparan su cuantía— fueron publicadas ayer en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y entrarán en vigor “en unas semanas” (no hoy mismo, como sería preceptivo, porque la gestión del cobro no se puede practicar). Nacen con la oposición de todo el sector de profesionales de la justicia —jueces, fiscales, secretarios judiciales y abogados—, de todos los partidos políticos salvo el PP y de los sindicatos.
La jurisdicción penal —que supone el 72% del total— queda exenta de las tasas, así como ciertos pleitos referidos a derechos fundamentales y algunos de los que tienen que ver con causas de familia y menores. Tampoco se pagará tasa en la primera instancia de los pleitos de lo social (por ejemplo, una demanda por despido). Para el resto, las cuantías van de los 100 euros en un procedimiento monitorio (una reclamación por una deuda) a los 1.200 euros de un recurso de casación ante el Tribunal Supremo. Y eso es solo la tasa fija: luego hay otra variable que resultará de multiplicar por 0,5% el dinero que se reclame en el pleito; si no se reclama dinero o no está cuantificado, la tasa variable serán 90 euros.
El PSOE ha anunciado que presentará recurso ante el Tribunal Constitucional al entender que la nueva norma vulnera el derecho a la tutela judicial efectiva y rompe con la igualdad que proclama la ley fundamental. De momento, jueces y letrados aprovecharán las concentraciones ya convocadas para este viernes ante el Ministerio de Justicia y ante todas las sedes judiciales para manifestarse en contra de la medida.
A las tarifas fijas se añadirá una variable, en función del dinero que se reclame
Sin embargo, el Gobierno no teme el recurso del PSOE: considera que el Tribunal Constitucional ya se ha manifestado en varias ocasiones avalando la legitimidad de las tasas “si respetan el principio de proporcionalidad en función de la capacidad económica de los ciudadanos”. El subsecretario de Justicia, Juan Bravo, aseguró ayer que “el diseño de esa nueva ley de tasas respeta ese principio”.
Pero los críticos sostienen justo lo contrario: las nuevas tasas, según consideran jueces, fiscales, abogados y partidos de la oposición, dividirán a los ciudadanos entre “ricos” —los que podrán seguir acudiendo a los tribunales porque podrán pagarlo— y “pobres”, para quienes el acceso a la justicia se encarece de forma notable.
El Ministerio de Justicia, dirigido por Alberto Ruiz-Gallardón, replica con tres argumentos: que “los pobres” seguirán sin pagar tasas porque tienen derecho a la justicia gratuita; que la jurisdicción penal también sigue exenta y es el grueso de la actividad judicial; y que algún mecanismo disuasorio había que adoptar para acabar con la “excesiva litigiosidad” que hay en España (nueve millones de asuntos entraron en los juzgados el año pasado, según los datos del Consejo General del Poder Judicial). “Hay que plantearse si es justo que un servicio público que se usa de forma muy esporádica y que al Estado le cuesta mantener lo pague solo el conjunto de los contribuyentes, sin ninguna contribución del usuario”, afirma un alto cargo del Ministerio, que subraya también que muchos recurrentes alargan los pleitos con sucesivos recursos, ahora gratuitos, solo por ganar tiempo. Y concluye recordando: “Mucho más se paga por el abogado y el procurador que por estas tasas”.
El preámbulo de la norma publicada ayer señala que esta “pone todo el cuidado” en que la regulación de tasas judiciales en los órdenes civil, contencioso-administrativo y social “no afecte al derecho a acceder a la justicia”.
En 1986 el Gobierno del socialista Felipe González anuló las tasas judiciales, derogando así una ley de 1959. El pago se reintrodujo en 2003, con el Gobierno de José María Aznar, pero solo para grandes empresas. A partir de ahora todos los ciudadanos habrán de pagar por presentar una demanda civil o un recurso contencioso administrativo. Justicia prevé ingresar 306 millones de euros por esta vía (el 10% de su presupuesto, menos que en otros países europeos).
El Consejo General de la Abogacía Española y representantes de la Comisión Interasociativa de Jueces y Fiscales, entidad integrada por las principales asociaciones de magistrados y fiscales, han optado por aunar esfuerzos con el fin de que se declare la inconstitucionalidad de esta ley.
Justicia subraya que los casos penales y las rentas muy bajas están exentos
Por otro lado, el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, consideró la iniciativa de Gallardón como “un retroceso más” en el “sistema de derechos y libertades” y acusó al PP de utilizar la crisis “como coartada para imponer un cambio muy profundo y cargado de ideología”. “La derecha española nunca se había atrevido a tanto”, agregó el dirigente socialista.
Según la asociación de consumidores Facua, esta ley “abre la puerta a que las empresas se nieguen a acatar las decisiones del sistema de arbitraje, al obligar a los consumidores a pagar un mínimo de 200 euros para exigir su cumplimiento”. Y el Sindicato de Secretarios Judiciales (SISEJ) se quejó de la nueva Ley de Tasas que, según consideran, les convierte en “meros recaudadores” y va “contra la ciudadanía”. Los sindicatos CC OO, UGT, CSIF y USO rechazaron también las nuevas tasas judiciales.
La ley fue publicada ayer por el BOE y, por tanto, las nuevas tasas deberían entrar en vigor hoy. Pero finalmente no será hasta dentro de “unas semanas” cuando los ciudadanos que acudan a los juzgados empiecen a notarlo en su bolsillo. La aplicación de la norma se ha retrasado porque el Ministerio de Hacienda aún no ha publicado el impreso de pago, con el que los usuarios deben hacer efectivas las tasas antes de presentar las demandas y recursos que han dejado de ser gratuitos.
El subsecretario de Justicia señaló que el retraso no se ha producido por la presión de los colectivos críticos sino porque la propia ley señala que Hacienda debe publicar la orden para regular el procedimiento. Bravo comunicará hoy a los secretarios judiciales que, de momento, no se cobre ninguna tasa.”
...
A lo mucho que se ha escrito y todavía ha de escribirse sobre el tema de las tasas judiciales, solamente pueden añadirse algunos puntos de vista de quienes de una u otra manera nos vemos afectados por esa Ley que las establece.
Hay que proclamar, de inicio, que todo semeja una chapuza más, porque mal se comprende que se publique una Ley, tramitada en el parlamento por el procedimiento de urgencia, repitiendo que entra en vigor al siguiente día de su publicación, para en el mismo día haber de puntualizar que sólo se aplicará cuando se hayan aprobado los modelos de impresos para ingreso de las tasas. (¿Dónde la urgencia?)
Es decir, que se aprueba una ley que es inaplicable a su entrada en vigor, probablemente porque nadie ha reparado que a esa disposición le faltaban soportes tan esenciales como los medios (formularios o impresos) para recaudar las tasas.
Pero lo más grave no radica en el hecho de que falten los dichosos impresos, sino en la irreflexión que implica el propio contenido económico de la Ley, pues establece en bastantes casos unos importes planos, sin proporción ni relación  alguna con lo que es objeto del proceso judicial, y buena prueba de ello es lo repetido de que para impugnar una multa de 100 euros hay que pagar una tasa de 200.
Se dice que la solución está en la justicia gratuita, que se anuncia va a ser reformada, pero sin armonizar esa adaptación con la entrada en vigor de la cacareada Ley, y por ello se mantiene una estructura de la justicia gratuita que se ha revelado como muy deficiente, porque son muchos los casos en que ciudadanos absolutamente arruinados no pueden acceder a ella porque en años anteriores gozaron de fortuna. Y la tramitación de los beneficios es lenta y mala. Además de que las Comunidades Autónomas, que han de pagar los servicios a los profesionales están arruinadas y lo hacen tarde y mal.
La auténtica realidad es que esta disposición legal que establece las tasas tiene esencialmente un afán recaudatorio y no el disuasorio que se ha dado como motivación, porque mal se concibe en un Estado de Derecho que por vía de costes se trate de limitar el acceso a la protección judicial.
Y detrás de esa reforma recaudatoria subyace la incapacidad para dotar adecuadamente a la Justicia, mediante los medios humanos (jueces, secretarios, funcionarios) suficientes, en tribunales suficientes, y con medios materiales adecuados, ya que la atribución de ciertas competencias al Consejo General del Poder Judicial se ha convertido en casi una entelequia, porque el poder efectivo de creación de tribunales y de dotaciones económicas lo sigue reteniendo el gobierno.
Se comprende que al actual gobierno de Mariano Rajoy le ha tocado “bailar con la más fea”, aplicando reformas que son impopulares y buscando ahorros y recortes por doquier, pero la realidad es que el “modus operandi” está siendo tan desordenado, tan falto de criterio, que un día de estos se nos mandará cualquier cosa prometiéndonos aprobar a posteriori la norma que lo autorice.
A las críticas de los colectivos implicados en la Administración de Justicia ha de añadirse la del ciudadano a pie, no ya porque llegar a los tribunales le resulte mucho más caro, sino porque además no se ha tomado en cuenta la desigualdad social de quienes acceden a los estrados.
“Visteme despacio, que tengo prisa”, reza el refrán español, desde luego inobservado, porque en el caso que comentamos, en vez de vestirnos nos han desnudado el bolsillo, y la prisa simplemente ha servido para una chapuza más.
”Cosas veredes,, amigo Sancho”, sentenció Don Quijote.
Y es verdad que aún nos quedan muchas –y no buenas— por ver y sufrir en este contexto.

EL COLECTIVO DE JURISTAS DEL CENTRO EUROPEO PRO ASESORAMIENTO Y NEGOCIOS, SCP (CEAN, SCP)

viernes, 16 de noviembre de 2012

La nueva regulación de la entrega de posesión en las ejecuciones hipotecarias: “Mucho ruido y pocas nueces”.



“Mucho ruido y pocas nueces” (Much ado about nothing, en la versión original) es una obra teatral en forma de comedia romántica escrita por William Shakespeare.



Ya sabemos que las nueces al abrirlas hacen mucho ruido, pero ¿cuándo se usa este refrán?. Pues decimos “Mucho ruido y pocas nueces” para referirnos a hechos exagerados que logran objetivos mínimos. También se usa para las promesas que no se cumplen, la palabrería, un reproche a la falsedad o a la fanfarronería, a la apariencia”
(De Wikipedia y otras fuentes)
 …
DESAHUCIOS | Tras el real decreto aprobado por el Gobierno
Afectados por la hipoteca denuncian que habrá que competir 'en desgracias'
La portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), Ada Colau, ha denunciado este viernes que el real decreto aprobado por el Gobierno para frenar los desahucios de las personas más vulnerables pondrá "a la gente a competir para ver quién está más enfermo y quién es más desgraciado".
El real decreto del Ejecutivo central prevé crear un parque de viviendas sociales con un alquiler barato para personas desahuciadas y fija el umbral de renta para acogerse a estas medidas en 3 veces el IPREM, que sean familias numerosas, familias con menores de tres años, incapacitados o dependientes, deudores en paro y sin prestación por desempleo o en supuestos de violencia de género.
"Vamos a poner a la gente a competir para ver quién está más enfermo y quién es más desgraciado para ver si entras o no en este decreto. No tiene sentido", ha aseverado Colau en declaraciones a la Cadena Ser.
Dicho esto, ha recordado que "todas las voces que se han escuchado desde el mundo judicial también lo han dicho así" y ha concretado que en ese ámbito se ha advertido de que "esto no va a cambiar la realidad de los juzgados la semana que viene ni las deudas de los afectados".
"Para nosotros toda la gente afectada es vulnerable, en la medida en que nadie deja de pagar su vivienda por voluntad propia sino que, en prácticamente todos los casos, estamos hablando de una situación de necesidad provocada por una crisis y por un 26% de paro", ha argumentado.
En su opinión, "todas las personas que, en el caso de vivienda habitual, dejan de pagar por causas ajenas a su voluntad deberían poderse acoger a una moratoria de estos desahucios". Así, ha criticado que "ahora mismo lo que se ha hecho es insistir en la misma línea del código de buenas prácticas, que ya se ha reconocido que ha sido un fracaso absoluto". "Prácticamente viene a ser la continuidad de ese código", ha insistido.
"El código de buenas prácticas era un código al que sólo se podía acoger la gente en riesgo de exclusión social y, al final, han sido pocas decenas o pocos centenares de personas los que lo han podido utilizar. Insistir en esa formula yo creo que es una falta de respeto a la ciudadanía y, en particular, a la gente afectada", ha concluido.
(De “El Mundo”, 16/11/2012)
Mucho se ha escrito sobre la injusticia que entrañan muchas de las ejecuciones hipotecarias que se vienen realizando por los Tribunales españoles, como consecuencia del enorme incremento de impagos e incumplimientos de los créditos hipotecarios concedidos para la adquisición de viviendas en tiempos bastante recientes.
Es bien cierto que la banca se lanzó de forma imprudente a conceder créditos con garantía hipotecaria, tratando más de hacer un negocio puntual y coyuntural que de desarrollar una política social de acceso a la vivienda.
Es también muy cierto que hubo muchas personas que accedieron a esas financiaciones de forma imprudente, cuando carecían de medios estables para afrontar las responsabilidades que contraían.
Pero también es una gran verdad que bastantes de las gentes que se comprometieron mediante garantía hipotecaria para la adquisición de su hogar se han visto frustradas por el desastre económico que viene asolando nuestro país y otras naciones europeas, hasta el punto de que han perdido su trabajo, han consumido el subsidio de desempleo y han llegado a agotar la ayuda de supervivencia, mínima, que se concede a los “casos terminales”.
Ha surgido por ello la controversia, bien alimentada por los medios de comunicación y redes sociales, de si hay que buscar fórmulas que eviten el lanzamiento o desposesión de las viviendas que fueron subastadas por incumplimiento en los pagos de las responsabilidades hipotecarias, ya que en bastantes casos, al interés de la entidad acreedora (como buena S.A., es “sin alma”) se opone una dramática situación económica y de supervivencia de quien no pagó porque no pudo.
Entran así en colisión la exigencia de seguridad jurídica respecto de las hipotecas (decíase, cuando estudiábamos la carrera de Derecho, que la hipoteca era la institución proviniente del Derecho Romano, que más seguridad de cumplimiento o resarcimiento ofrecía), que son el contrato de garantía por excelencia y la exigencia de protección social a los menos poderosos.
En ese trance, los políticos, que son quienes casi siempre legislan a golpe de conveniencia, se han dejado llevar por los impactos sociales de algunas gentes que, en su desesperación por la pérdida de su vivienda, han puesto fin a sus vidas, y casi no han reparado en que en un estado de Derecho, hay que velar por los intereses de toda la ciudadanía, controlando la correcta marcha de la economía.
Así, después de prometer no se sabe cuántas cosas y remedios para ayudar a los perjudicados por las ejecuciones hipotecarias, se han hallado los partidos hegemónicos en España con que la legislación civil e hipotecaria no puede reformarse así como así, so pena de volver a un estado totalitario y de falso socialismo, en el que quebrara la confianza en las instituciones financieras, y estas mismas “huyeran” de inyectar dinero y liquidez a la vida económica.
Aunque, por otra parte, había que dar un golpe de timón y mostrar sensibilidad y protección hacia esas clases en peligro de quedarse sin hogar.
De esta guisa se ha “parido”, deprisa y corriendo, tarde y mal, ese Real Decreto-Ley, que parece redactado más desde un gabinete en la luna que desde unos expertos jurídicos y sociales, ya que apenas si contiene protección para quienes sufren las penurias de su asfixia económica y los agobios de su inmediato lanzamiento.
Y además de que el partido socialista dijo apuntarse a consensuar el decreto y, como es habitual en él, no ha sido “ni frío ni caliente” y se ha desmarcado de forma tibia e inadmisible, el partido en el gobierno se ha encontrado con que su voluntad era buena, pero sus posibilidades eran exiguas, salvo que se acometiera una reforma muy estudiada de la normativa hipotecaria y bancaria y se estableciera una auténtica política social de auxilio a los más necesitados, que es impensable hoy, cuando las instituciones oficiales están “con el agua al cuello”, reduciendo todo lo reducible y más, y debiendo dinero por doquier, hasta el punto de que inclusive algunos proveedores, como las farmacias, han debido llegar al cierre, por falta de cobro de los medicamentos que han suministrado.
Ésta es le realidad, y de ella debemos hacernos eco, porque como juristas defendemos la seguridad jurídica que emana de nuestro Código Civil y legislación complementaria; pero también como juristas (recuérdese, "non queremos semeiar boceros, mas queremos semeiar omes que fazen derecho") hemos de ser sensibles a la realidad social, que es en definitiva el bien común a proteger desde la Justicia.
¿Por qué en vez de decirse que se reducen gastos sin hacerlo realmente no se lleva a cabo un a auténtica política de austeridad, y con su ahorro se efectúa una dotación económica adecuada para subvenir, por vía de ayudas y beneficencia, las necesidades de vivienda?
¿Por qué no se tiene la valentía de establecer unos sistemas previos de arbitraje y conciliación –obligatorios, claro está— para discernir en cada caso de ejecución hipotecaria, si ésta es oportuna o procedente en función de la situación social y familiar del deudor, y así establecer moratorias u otros sistemas paliativos?
¿Por qué sigue sin diseñarse una auténtica política de alquileres accesibles, como la que prima en muchísimos países extranjeros?
Muchas más fórmulas serían viables, pero para ello hace falta auténtica voluntad y no ese sempiterno mirar de reojo las encuestas electorales, para que las tendencias de voto primen casi siempre sobre los deseables objetivos del bien común.
“Más ruido que nueces”, sí, como ya expresó en frase antológica el inigualable Shakespeare.
Y “más palabras que hechos”, añadimos por nuestra parte. 
Pues en definitiva, ya dice el refrán que "la avaricia rompe el saco", y eso va a ocurrir.
¡Ojalá los vientos de la Justicia comiencen a soplar inspiración a los legisladores y a los gobernantes y las casas que hoy son prácticamente de los bancos se conviertan en hogares felices! !Y sin deudas inasumibles!

“Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales.”. Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego. 

EL COLECTIVO DE JURISTAS DEL CENTRO EUROPEO PRO ASESORAMIENTO Y NEGOCIOS, SCP (CEAN, SCP)

jueves, 8 de noviembre de 2012

El matrimonio entre homosexuales: Donde la Ley no alcanza, los Tribunales politizados suplen…

“La constitucionalidad del matrimonio homosexual  

(Editorial en “El Imparcial”, 07-11-2012)  

“Hay resoluciones del Tribunal Constitucional -por desgracia, bastantes- que suelen generar abundante controversia. La que avala la constitucionalidad de la unión entre personas del mismo sexo con la nomenclatura de “matrimonio homosexual” no será una de ellas. Habrá quien quiera hacer demagogia a propósito del recurso que el PP interpuso en su momento, aunque las razones fueron más nominalistas -“matrimonio” o “unión”- que de fondo. En realidad, nadie proponía una diferencia en derechos. Se cuestionaba una etimología y la oportunidad de llamar a lo distinto como diferente, si ninguna connotación derogatoria al respecto. De hecho, fue un ayuntamiento popular -cuando Alfonso Alonso era alcalde de Vitoria- el primero en habilitar un registro para parejas de hecho sin distinción de género. 

Hoy son otras las inquietudes de la sociedad española. El hecho de los matrimonios entre personas del mismo sexo -por lo demás, una cifra muy escasa- es algo ya asumido socialmente. No debería serlo, en cambio, la demora en solventar un recurso interpuesto en 2005; siete años ha tardado el TC en resolver una cuestión de escasa complejidad jurídica. Marcado tras el bochornoso espectáculo de la sentencia sobre el Estatut de Cataluña, últimamente cada vez que el Constitucional se pronuncia deja entrever más sombras que luces. Es el precio de una excesiva politización, a la que muchos de sus miembros se prestaron -y aún se prestan-. Una cuestión de este tipo debería haberse sustanciado mucho antes, y sin tanto ruido. “ ...

He de reconocer que en mis tiempos de iniciación en los ambientes de la Justicia, el tema de las uniones o de las relaciones entre homosexuales eran tan fuera de lugar, implicaban tantos tabúes, que hasta son de recordar procesos del turno de oficio en los que hube de intervenir por la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes, en los que se aplicaban las llamadas “medidas de seguridad” a quienes se conceptuaba –probablemente de manera irregular—como tales.
Así que el lector comprenderá que ante la decisión del Tribunal Constitucional de España sobre estas materias de las  uniones entre personas del mismo sexo, quien esto escribe se haya sentido obligado a reflexionar consigo mismo y a revisar sus convicciones al respecto.
Y no se trata de una pura entelequia, porque hoy mismo una compañera de trabajo, espabilada colega, me inquirió sin venir demasiado a cuento, sobre mi opinión.
Y cuando uno ha de expresar su criterio sobre cuestiones algo complejas, siempre surge aquel punto de vacilación y duda que se salva con veteranía, aunque no siempre con acierto.
Todo viene a propósito de la reciente decisión del Tribunal Constitucional, que ha sido, al parecer aceptada (por los de la derecha con cierta cobardía reticente) de manera pacífica en nuestro país, aunque para más de uno haya podido significar un atentado o transmutación de sus principios éticos y personales,
Bien; que quede claro que no me parece adecuado que se denomine “matrimonio” a la unión entre personas del mismo sexo, porque el vocablo alcanza su plena significación cuando se trata de la unión del hombre con la mujer, al margen de lo que digan las constituciones y lo que opinen los tribunales constitucionales del mundo, singularmente politizados –como el español— e influidos por las tendencias sociales, en muchas ocasiones ni siquiera consolidadas.
Aunque si de lo que se trata es de que se confirme un reconocimiento y se brinde una “protección” legal a las uniones entre personas del mismo sexo, bien estará que se brinde la seguridad jurídica. Como la que gozan las llamadas “parejas de hecho”, que todos sabemos lo que son…
Porque acontece que en estos tiempos nuestros, en los que parece que el signo de la seguridad es la ausencia de tribulación, cuando una cosa es admitir y tolerar y otra bien distinta consagrar como regular y normal; sí, en  estos tiempos de ahora, las uniones entre seres del “mismo rango” (entiéndase género, palabra muy al uso) no dejan de ser excepcionales, “rara avis”, por mucho que se empeñen los progresistas de baja estofa en hacer general lo que no deja de ser particular, o al menos poco común.
Así pues, no acaba de entenderse esa euforia mal contenida entre los gays y lesbianas por el hecho de que no se haya declarado inconstitucional la unión entre ellos, porque una cosa es que se considere –de forma bastante hábilmente forzada, por cierto— que esas uniones pueden llamarse de una u otra manera, y otra bien distinta que esas uniones pasen a constituir otra formal “regular” y usual del matrimonio.
Que en definitiva, desde el origen de los tiempos hubo matrimonios –entre hombre y mujer— y hubo uniones homosexuales, bien que generalmente reprobadas.
Mas pasar de la categoría de realidades a la de “realidades consolidadas” es otra cosa; como pasar del “ser” al “estar”; porque lo que es, “es”; y lo que “está” puede permanecer (y en ese caso se transmutará a “ser”) o bien se esfumará…
Vivan felices, siéntanse reivindicados los gays y las lesbianas; siéntanse respetados por nuestra parte; estimen que apreciamos sus valores de autenticidad y reivindicación. Otras facetas tal vez no alcancemos a comprenderlas…
Ahora bien; que nos permitan seguir con nuestras formas de vida y tradiciones, aunque para ello deban todavía tener la paciencia de que la sociedad les reconozca – lo que por el momento no acontece— que ellos son iguales que los demás.
Y ello, por mucho que la progresía del Tribunal Constitucional español diga lo que diga…
"El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores".-
Woody Allen (1935-?) Actor, director y escritor estadounidense.

APB,
DEL COLECTIVO DEL CENTRO EUROPEO PRO ASESORAMIENTO Y NEGOCIOS SCP (CEAN).